Internet según Herzog

Lo and Behold, Reveries of the Connected World

 

La afirmación de que Internet afectó nuestra percepción y forma de vivir es ya un lugar común. En el documental Lo and Behold, Reveries of the Connected World (2016), que se proyectó en el marco de Ambulante, Werner Herzog ahonda en los fenómenos y dinámicas del mundo interconectado, así como en los riesgos actuales de la red y sus posibilidades futuras. Dividido en capítulos, el filme inicia con la descripción del nacimiento de Internet en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), en un salón en el que hay una máquina del tamaño de un refrigerador desde la cual se transmitió el mensaje “Y he aquí”, traducción del título del documental, a otro aparato similar en 1969. Los antecedentes de Internet son parte de una investigación científica de orden militar. Herzog revisa aspectos como el de la adicción a la web de aficionados a los videojuegos, su uso abusivo ­­–el filme de terror Unfriended (Levan Gabriadze, 2014), sobre acoso en la web, que se desarrolla enteramente en una pantalla de computadora que muestra un chat en video en el que interviene un grupo de amigos que, uno a uno, desaparecen del mundo tangible, aunque su imagen permanece en la red, adquiere una lectura interesante–, la alergia a Internet que obliga a personas a resguardarse del mundo interconectado en pueblos alejados –situación que, en algún sentido, anticipó Todd Haynes en Safe (1995)– y el de los hackers que amenazan la confidencialidad de las empresas, un tema importante si se considera que el volumen de los datos que poseen las organizaciones se paga bien y sirve para segmentar públicos y vender espacios de publicidad. El filme no desestima las bondades enciclopédicas de la web al compartir conocimientos.

El creador alemán posee, como documentalista, la cualidad de la curiosidad a través de la que plantea reflexiones pertinentes. Una de ellas es la posibilidad real de que una erupción del sol tire la red. ¿Qué pasaría si se cayera Internet, considerando, por ejemplo, que en muchas ciudades los supermercados dependen de la web para abastecerse? ¿Regresaríamos a las bibliotecas para aprender lo que desconocemos? ¿Se retomarían las metodologías de trabajo en desuso? En algún sentido, la película de Herzog dialoga con el documental Killswitch (2014), de Ali Akbarzadeh, que aborda la posibilidad de restringir el uso de Internet por parte de una organización que desea su control. En 2014 el filósofo estadounidense Dan Dennett declaró al diario El país que la caída de la red traerá consigo oleadas de pánico. «Nuestra única posibilidad es sobrevivir a las primeras 48 horas», dijo. El director alemán muestra lo que se considera un ensayo de esta posibilidad con imágenes del huracán Sandy de 2012 en Nueva York, que interrumpió la electricidad en diversos lugares durante periodos de tiempo prolongados. Sin embargo, la parte más reveladora de Lo and Behold es en la que Herzog explica los proyectos basados en la inteligencia artificial. Para Slavoj Žižek la tecnología es la capacidad de relacionarnos con la realidad. Uno de ellos es My Internet, un desarrollo que podría ser el siguiente paso en la innovación tecnológica. Consiste, entre otras cosas, en que el hombre esté conectado, a través de un dispositivo, para manipular las condiciones de temperatura o iluminación de un lugar, como si se tratara de un control integrado al cuerpo. El creador alemán pregunta a varios científicos si algún día Internet podrá soñar con sí mismo. La respuesta depende de que la red desarrolle una consciencia propia. En eso consiste, en algún sentido, la Deep Dream, el proyecto de Google que enseña a las computadoras a reconocer imágenes para conformar una nueva. El entrenamiento se hace a partir de millones de imágenes en las que se encuentran patrones. Por ejemplo, un rostro humano conserva sus principales características, aunque añadiendo imágenes que coinciden con los patrones que conforman la fuente original. ¿Cuál es el verdadero propósito de este proyecto, al margen de celebrar el mundo, como anuncia Google? Con estos entrenamientos ¿podrán las máquinas pensar por sí mismas, sin la ayuda de un programador? La pregunta de Herzog también hace eco de Ex Machina (2015), de Alex Garland, el filme de ciencia ficción en el que un robot desarrolla una consciencia y ello le permite ser autónomo, emanciparse de su creador. Lo and behold pone en la mesa todas estas interrogantes e hipótesis en un tiempo que, como atestigua el mismo Herzog, transcurre demasiado rápido.

 

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