“La mujer pública”, la veracidad de la pantalla

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En La mujer pública (1984), una película que reflexiona sobre la representación cinematográfica, Andrzej Zulawski distrae al espectador para confundirlo y hacerlo dudar de la veracidad de lo que ve en pantalla. El director polaco cuestiona la capacidad del cine para mostrar la realizad, noción que surge con su propio nacimiento, a través del falseamiento de la diégesis, al mostrar en el filme el rodaje de una adaptación de Los endemoniados, de Dostoievski.

 

La película inicia con una joven (Ethel) caminando por la calle, la cámara la sigue hasta que se detiene, titubeante, delante de un negocio. Luego se produce un corte y se ve a una pareja platicando. Ya que no hay ninguna disolvencia, pareciera que se salta a otro relato, como si, por medio de Ethel, hubiésemos entrado en una sala en la que se proyecta una película, pero no es así. Pronto se descubre que la chica fue a observar a un hombre, su padre. Ethel es una modelo que baila desnuda para un fotógrafo. Al realizar el casting para el filme que adapta la historia de Dostoievski, una cinta de época al estilo de las suntuosas producciones de Luchino Visconti, su director, Lucas Kessling, se engancha de su belleza, otorgándole un rol importante.

 

Kesling exige a Ethel que se comprometa en todo momento con su personaje. «Lo más importante de una película es lo que pasa entre los cortes», asegura el creador. De esta forma, su relación de amantes comienza a tornarse violenta, dentro y fuera del set de filmación. En una película previa, Lo importante es amar (1975), el polaco abordó los límites de la representación cinematográfica a partir del trabajo actoral. El guiño más obvio de esta situación es la compleja relación entre un director y sus intérpretes, de la que hay múltiples ejemplos. Isabelle Adjani, la protagonista de La posesión (1981), la película más célebre de Zulawski, considera su trabajo en dicho filme como una experiencia traumática.

 

En La mujer pública la ficción y la realidad no sólo se confunden sino que crean una textura artificiosa y pesadillezca, cuya atmósfera e iluminación remiten a Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock. En el filme de Zulawski, como en el del británico, la protagonista toma el lugar de otra mujer, se viste y vive como ella, tanto dentro del set como fuera de él, para complacer los deseos de dos hombres. Por un lado, el de un judío checoslovaco cuya pareja, una aspirante a actriz y ex amante del director, muere en un extraño accidente del que, por otro lado, Ethel sospecha que Kessling, quien la empuja a vivir su personaje, es responsable. De esta manera, se somete a las fantasías de ambos: la de restituir una presencia y la de mimetizarse con los sentimientos del carácter que interpreta.

 

La secuencia del juego de tenis, que inicia con la vista de un pasillo por el que camina Ethel, muestra a los actores de la película vestidos con trajes de época, gritando sus diálogos. ¿Se trata de un ensayo? El movimiento coreográfico, que suele ser circular en la puesta de cámara de Zulawski en espacios amplios, descubre las luces y el registro visual por parte del equipo de filmación. ¿Estamos acostumbrados a percibir la realidad a partir de lo que vemos en la pantalla? Cuando Ethel va a la morgue a identificar el cuerpo de su madre, simplemente levanta una sábana y asiente. La enfermera le pregunta, en un tono inquisitivo, que si es todo, que si no se va a desmayar. ¿De qué forma influye la ficción en la percepción de la realidad?

 

Zulawski no utiliza un telón al final de la obra, como en el teatro, pero sí lleva su propuesta hasta el punto en que el espectador se cuestiona si lo que ha visto ha ocurrido realmente o no. Los actores de La mujer pública se confunden con los actores de Los endemoniados en las calles de París, que Sacha Vierny (cinefotógrafo que trabajó con Alain Resnais, principalmente) muestra grises, polvorientas y humeantes. La mujer pública aborda la enorme dificultad del cine de penetrar en la verdad o la intimidad, y también su capacidad para aproximarse a la representación, al ordenamiento de diferentes partes que restituyen algo.

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